La "traición administrativa" del impuesto de sucesiones

Hace tiempo, cuando una familia sufría un desahucio, lo vivía en silencio y con vergüenza, no se decía en voz alta, no se publicaba en los medios, abandonaban resignados su casa y adiós.

Las cosas hoy en día han cambiado, existen plataformas de ayuda, de apoyo, de lucha contra los desahucios. Al desahuciado no se le ve más como un culpable, un caradura o un gorrón, sino como una víctima, una persona que necesita ayuda, visibilidad a su desgracia, porque es, perder tu casa, una desgracia.

El hecho es el mismo, es la percepción social del problema lo que ha cambiado y ese cambio en las creencias es el que ha producido esta transformación social que vivimos hoy en día. Siguen produciéndose desahucios, pero la sociedad ya no mira para otro lado.

Durante muchos años con el impuesto de sucesiones ha sucedido algo parecido. Quizás la creencia social que se tenía en este caso, es que el que paga impuestos es porque tiene una posición alta, dinero, incluso mucho dinero.

Estas creencias, quizás fomentadas perversamente por un interés político de fondo, están comenzando a cambiar. La sociedad ya no se calla ni se aguanta ante los abusos de la administración.

La primera emoción que surge ante la exigencia de este tributo es de traición. No es cualquier tributo, sino uno que llega mientras se está produciendo el duelo por la muerte de un familiar. Este duelo de pronto se ensucia, se interrumpe, se contamina ante la responsabilidad que surge tras la herencia. De pronto uno debe abonar veinte mil, cincuenta mil euros, sesenta mil, ochenta mil... No importa que toda la vida uno haya pagado puntualmente todos sus tributos, repentinamente uno se convierte en deudor de la administración, en un "super deudor".

Después llega el resentimiento. El desahucio se produce ante un impago, sin embargo en el caso de las sucesiones, la propiedad no ha sufrido ningún impago. Es la casa de los padres, donde la persona creció, la que los padres mantuvieron para dejarla como hogar a sus hijos.

La incomprensión y soledad acompañaba a este proceso tributario. Incomprensión social, porque las creencias irracionales están muy arraigadas y siempre hay alguien que piensa: "cuando tiene que pagar tanto es porque lo tiene". Soledad porque no es políticamente correcto hablar del dinero que uno hereda o de los problemas que le ha causado heredar. Hasta ahora, el tener dificultades para recibir una herencia no suscitaba la solidaridad de nadie.

 

La actitud ha comenzado a cambiar. Ya no nos avergüenza decir: "esto es mío" o: "es mi derecho" o: "Esto es un abuso".¿Dónde llegaremos, todas estas voces juntas?.

 

Cecilia Marín Toledo
Psicóloga.
Estudiante de Derecho.