UNICEF, cuidado con Susana Díaz

NOS quedamos el otro día en el cine, buscando la butaca numerada en una sala a oscuras y sin acomodador, con lo que llevas todas las papeletas para sentarte donde no debes y que te echen los primeros que entren pegando trompezones (vulgo tropezones) por la escalera, a pesar de las luces de emergencia en los peldaños. Y nos quedamos en los avances y anuncios que proyectan antes de que empiece la película que vas a ver. Me encantan estos previos.

El colmo de las delicias sería que proyectasen un telediario de Canal Sur. Total, a falta de No-Do del franquismo, bueno es el Canal Sur de este socialismo que en más de 30 años no ha logrado sacar a Andalucía del subdesarrollo. Canal Sur es como el No-Do, pero en sociata y sin pantanos.

Íbamos en el Nervión Plaza a ver «El hombre que lo conseguía todo», que, aunque parezca lo contrario, no es uno de acusados absueltos por los terrenos de Mercasevilla, sino el personaje de la película protagonizada por Richard Gere, un líalaguita bueno...

-Qué palabra más clásica, definitoria y nuestra acaba usted de escribir: «líalaguita». ¡La cantidad de líaslaguita que hay en Sevilla! ¿Cuántos viven en Sevilla, y figuran, y presumen, y los invitan a todas partes, y salen retratados en los periódicos, sin otra profesión u oficio que liar la guita?

Tela. Y suelen tener poca guita, que es como los argentinos llaman a la plata, al maldito parné. Al taco. Uno de estos personajes, nada en taco, es el de la película de Richard Gere.

Antes de cuya proyección nos hartamos de ver, como digo, anuncios y avances. Que me encantan. Sólo echo en falta, oh puretones, aquella cancioncilla del Palacio Central: «¡Movierecord!».

Y en uno de los anuncios, que parecía un antiguo cartel del Domund, vengan negritos y más negritos: una promoción especial de Unicef, la más que benemérita institución dedicada a la protección de la infancia desvalida del Tercer Mundo. Salían unas imágenes enternecedoras, de las que te pegan un pellizco en el corazón, de guapísimos niños negros en aldeas africanas.

Esas imágenes que si en vez de la Unicef, que es de los nuestros, las pone la Santa Madre Iglesia para anunciar el Domund, dicen que es racismo, xenofobia y abuso de menores.

¿Para qué tantos negritos, tantos enternecedores niños, no más desvalidos por cierto que muchos que nos pillan bastante más cerca, como los de Las Tres Mil o de los tres barrios sevillanos más pobres de España que citábamos ayer, cual Los Pajaritos, Amate y el Polígono Sur?

Pues era para anunciar una campaña de Unicef, cuyos detalles, si les interesan, pueden encontrar en Twitter con la etiqueta #testamentounicef. Se trata de eso: de dejar en el testamento algún legado para la infancia desvalida que protege Unicef. Lo puede todo resumir este lema:

«Dejemos el mundo mejor de lo que lo encontramos. Que nuestra marcha desencadene algo positivo. Hagamos Testamento Unicef».

O este otro:

«Quiero dejar mi herencia a los niños que más ayuda necesitan».

¿No hay quien a su muerte deja parte de sus bienes a las Hermanas de la Cruz o a la Hermandad de la Caridad? Pues esto es lo mismo, pero por lo civil, y sin Madre Angelita ni Venerable Mañara.

Aunque supongo que la de Unicef es una campaña nacional. Aquí en Andalucía habrá que pensárselo bien antes de dejar nada a Unicef en el testamento. Porque con el Impuesto de Sucesiones de Andalucía, llega Susana y resulta que si dejas algo en el testamento los pobres negritos del África tropical que cultivando cantaban la canción del Colacao, digo, de la Unicef, le tienen los pobres encima que dar dinero a la Junta.

Puede ocurrirles a los negritos de la Unicef como al parado andaluz a quien Susana le exige 8.500 euros por heredar la casita que su madre adoptiva le dejó al morir.

Así que si estos pobres negritos de Unicef son nuestros hijos adoptivos en el testamento, id preparando la tela, criaturas, que cuando la palmemos ya se encargará Susana de pediros, encima, 8.500 euros...

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