Mis autobuses, por Antonio Burgos

Nada, nada, aquí no eres nadie si no fletas un autobús, lo pintas con tus lemas como si fuera el autocar de ruta turística para enseñar la ciudad con auriculares que te hablan hasta en japonés o como el de dos pisos de un club de fútbol que viene de ganar la Copa de lo que sea, en cuya terraza superior los jugadores ("el vestuario" que le dicen) se dedican a hacer el gamberro del modo más lamentable. Primero vino el autobús naranja de Hazte Oír, que dijo algo tan políticamente incorrecto como que los niños con los niños y las niñas con las niñas, y que si mi abuela tuviera dos ruedas, un manillar, unos pedales y un sillín, no sería mi abuela, sino una bicicleta. Según he podido comprobar tras las generalizadas y casi dictatoriales consignas lanzadas por la Progresía Rampante y Trincante al paso alegre del autobús de Hazte Oír, está muy mal visto negar que las abuelas tengan dos ruedas y un manillar. Pues nada, por mí que no quede, señores del Mester de Progresía que viven ustedes como marqueses del presupuesto, con sus carguetes y mamandurrias varias: por mí, como si hay que admitir que las abuelas tienen 500 centímetros cúbicos y corren en el Circuito de Jerez. ¿Será por estar a la moda de lo políticamente correcto? ¿Será por la cobardía ambiente de no plantar cara a nada de cuanto represente la pérdida de nuestro sistema de valores?

-- ¿Sistema de valores dice usted? Y eso, ¿qué es?

Pues una cosa que había antes en España: vergüenza. Pero íbamos por el autobús anaranjado de los niños con los niños y las niñas con las niñas, cuando nos llega otro autobús más, ¿será por autobuses? Hijo, al paso que vamos la política española va a parecer la estación madrileña de autobuses de Méndez Álvaro, por no decir la sevillana del Prado de Sebastián, que me cae más cerca. Ahora los de Podemos también ponen a circular su autobús, ya apodado del Odio. Contra la Casta. No quiero ni pensar que es contra ellos mismos; porque casta, casta, lo que se dice casta, la que han creado estos señores que se están poniendo como su mismo color indica, morados, en cuantito han llegado a los cargos públicos, en muchos casos municipales gracias a los votos del PSOE, para dar por saco al PP, que a lo mejor fue el partido más votado, caso de Cádiz. Donde ganó Teófila Martínez, pero con tal de echarla de la alcaldía, el PSOE puso al Kichi, un componente de la comparsa de Jesús Bienvenido, aquella del estribillo a lo Drácula de "Bocaditos, bocaditos". ¡Menudos bocaditos le está metiendo a Cádiz el alcalde, que ahora está todo el año disfrazado de Fermín Salvoechea!

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