Los impuestos bajos como pilar de la prosperidad

Contrariamente al mantra que la izquierda repite sin cesar, no existe una única política económica posible, sino que hay diversas opciones de actuación económica, de manera que cada opción distinta conduce a resultados diferentes. Y hay que saber que las sociedades más libres son las que más prosperidad generan. Cuanto menos interfieren los poderes públicos en la vida de los ciudadanos, cuanta más libertad tienen éstos para impulsar sus iniciativas, cuantos menos impuestos sufren, más crece la economía, más prospera la sociedad y más empleo se genera.

A los enemigos de la libertad constatar esta realidad les desquicia pero no hay más que contemplar el ejemplo de los gobiernos de Ronald Reagan, Margaret Thatcher o José María Aznar. Todos ellos, impulsaron, cada uno en su país y su tiempo, un cambio en lo concerniente a la gestión pública y a la política fiscal. Contuvieron el gasto, abrieron la economía, eliminaron barreras, flexibilizaron el mercado de trabajo y bajaron los impuestos. Los resultados son claros: tras los gobiernos de estos dirigentes, sus países eran más prósperos, habían crecido económicamente y habían creado muchos puestos de trabajo.

En el caso español, a los doce millones de cotizantes a la Seguridad Social en 1996 se incorporaron otros cinco millones, es decir, se incrementó el empleo en casi un 50% en aquellos ocho años.

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