José: «Estoy a punto de perder mi vivienda por una herencia»

Poco imaginaba José (nombre ficticio) que una herencia le iba a colocar al borde de la ruina con poco más de veinte años. Cuando debería estar estudiando una carrera, ha tenido que renunciar a sus estudios y ponerse a trabajar de teleoperador para pagar lo que le reclama la Administración. No duerme por las noches pensando que su propia casa ha salido a subasta y que está a punto de perderlo todo.

VIENE DE

Sus problemas empezaron al fallecer su tía. Su madre, único familiar directo de la fallecida, era la heredera de su vivienda habitual, de un local en un pueblo de Sevilla y de la mitad de una parcela donde la familia solía pasar los días de asueto. El joven ni siquiera sabía de la existencia de un impuesto de sucesiones que ha caído como una losa sobre la familia, ya que penaliza la herencia entre hermanos.

La Junta valora el patrimonio heredado en cerca de 600.000 euros. «Pero está todo sobrevalorado porque difícilmente encuentro a alguien dispuesto a pagar ese dinero». En base a ese cálculo y con los intereses que ha ido acumulando, la deuda asciende ya a más de 200.000 euros, una suma que se antoja astronómica para una familia que se mantiene gracias al trabajo del padre en un taller y al exiguo sueldo que cobra el hijo por su primer empleo.

A José se le acumulan los problemas. Por si la deuda que ha provocado el embargo de la vivienda familiar fuera poco, tiene que cuidar de su madre enferma, que depende de sesiones de diálisis. Su sueño de estudiar Administración y Dirección de Empresas se esfumó precisamente al heredar. «Para la Junta tengo exceso de patrimonio y no me conceden becas». Si pudiera rebobinar, no duda en que renunciaría a la herencia, «a pesar del cariño con el que mi tía nos dejó todo lo que tenía».

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