Brutal impuesto mortal

Es curioso el pecho que sacan algunos de los que gobiernan la Junta de Sevilla, cuando en mítines han mencionado el horror de los bancos embargando las casas de las familias, por el impago de hipotecas. Les faltan camisas que rasgarse, pentagramas para el sonido de sus gritos alarmados. Y es curioso, porque a estas alturas de los tiempos, esos mismos gobernantes -los mismos-, que se hacen llamar "de izquierdas", actúan peor que un banco, con menos entraña y sentimiento, si de cobrar el impuesto de sucesiones se trata.

La agencia tributaria, carroñera, como todas las agencias que a iguales o similares menesteres se dedican, viene a convertirse en el brazo armado de esa nueva inquisición, contra la que, hasta ahora -como aquella otra infame- nada se puede. Cuando se pase toda la vida trabajando y pueda llegar a tener un modesto patrimonio que consista, por ejemplo, en la vivienda familiar, quizá un apartamento en la playa o un terrenillo de huerta, con seis olivos y un nogal y una alberca para que los nietos disfruten en verano, usted ya ha alcanzado el gremio glorioso de los ricos.

Así es, usted va a ser, en su momento, un muerto rico. ¡Alégrese, hombre! Y ante esa situación ha de tener dos cosas por ciertas: la una es que usted -como yo- nos tenemos que morir y eso es insoslayable. Y la otra; que no es mejor; que sus descendientes, es decir, sus hijos o sus nietos, tienen que estar bien preparados para "soltar la mosca" a la andaluza Agencia Tributaria de la Junta de Sevilla. Y no crea, no es una mosca cualquiera. Es, ha de ser por la ley andaluza que los parlamentarios de izquierdas defienden y encomian sin cuento, mosca de tal envergadura que muy posiblemente sus descendientes tengan que renunciar a lo que usted ha "atesorado" a lo largo de sus existencia, hartándose de trabajar horas sin cuento muchas veces y apoquinando sin rechistar todos los impuestos que existen y han inventado. No. No van a cobrar un duro, porque no van a poder. ¿Quién tiene decenas o cientos de miles de euros guardados, preparados para darlos a la Junta de Sevilla tras el fallecimiento de sus progenitores?

El impuesto andaluz sobre las herencias -lo llamo así para que todos lo entendamos- es anti social, brutal, inhumano, injusto, insolidario, atroz y desproporcionado.

Dicen los parlamentarios que manifiestan ser de izquierdas, entre embustes sin cuento sobre este asunto -y con ellos nuestra insigne presidenta de la Junta de Sevilla-, que éste es un impuesto maravilloso -así lo califican- porque es el mejor para repartir la riqueza. Cuando usted renuncie a esa herencia que querrían dejarle sus padres, porque no tiene con qué pagar ese impuesto, ¿Quién cree que se va a quedar con su casa, con el apartamentito de la playa, con el huertecito y la alberca de los nietos…? ¿Un pobre?¡ Ja!

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